La ciudad de Pasto se encuentra, lamentablemente, en el centro de una escalada de riesgo que nos obliga a reflexionar sobre la fragilidad de la seguridad urbana y la necesidad imperiosa de colaboración ciudadana. En menos de 24 horas, dos incidentes similares—el más reciente, la detonación precautelativa de una motocicleta abandonada frente a un CAI—han sembrado una inquietud palpable, rompiendo la relativa calma y confirmando un patrón que las autoridades califican, con razón, de crítico.
El accionar rápido y protocolario de las autoridades, como lo ha explicado el Alcalde Nicolás Toro, es fundamental y digno de reconocimiento. La decisión de realizar una detonación controlada con agua para neutralizar cualquier potencial explosivo, incluso si el vehículo finalmente resulta no tenerlo, demuestra la seriedad con la que se están tomando estas amenazas. En situaciones de riesgo inminente, la precaución extrema debe ser la norma, priorizando siempre la vida y la integridad de los ciudadanos y los uniformados.
La Estrategia del Terror y la Respuesta Cívica
Lo verdaderamente preocupante de estos actos es su naturaleza intimidatoria. Dejar un vehículo abandonado y huir, independientemente de si contiene explosivos o no, es una táctica diseñada para generar pánico, caos y desgaste institucional. Se busca saturar las líneas de emergencia, desviar recursos policiales y, sobre todo, erosionar la confianza de la ciudadanía en la capacidad de su ciudad para mantenerse segura.
Frente a esta estrategia, la respuesta cívica se convierte en nuestra principal línea de defensa. El llamado de las autoridades a informar de cualquier situación inusual—motos, vehículos, paquetes, personas sospechosas—no es un simple trámite, es un pacto de corresponsabilidad. La ciudadanía no es solo una víctima potencial, sino un actor clave en la prevención. La alerta temprana de la comunidad en el último incidente fue, precisamente, lo que permitió activar los protocolos a tiempo.
El Desgaste de la Alerta Constante
Si bien la activación de protocolos es esencial, el hecho de que ya se hayan atendido cerca de diez alertas en un corto periodo impone un enorme desgaste a las fuerzas de seguridad y, psicológicamente, a los habitantes de Pasto. Una ciudad que vive en alerta constante es una ciudad que detiene su ritmo, que duda al salir, que mira a su alrededor con recelo.
La amenaza de que "se van a ensañar con Pasto" exige una respuesta integral que vaya más allá de la mera reacción. Se necesita:
Reforzar la Inteligencia y la Investigación: Para desmantelar las estructuras detrás de estas amenazas y no solo reaccionar a sus consecuencias.
Aumentar la Presencia y la Conciencia en Puntos Críticos: CAI, zonas comerciales y de alta afluencia deben sentir el respaldo de la fuerza pública.
Mantener la Confianza y la Calma: Las autoridades deben continuar comunicando de manera clara y transparente para evitar que los rumores se conviertan en pánico.
Pasto no puede permitir que el miedo se apodere de sus calles. La colaboración entre la administración, la fuerza pública y, sobre todo, una ciudadanía vigilante y activa es la única vía para desactivar esta ola de riesgo y garantizar que la vida diaria de la capital de Nariño se siga desarrollando con la tranquilidad que merece. La seguridad es una tarea de todos, y en este momento crítico, la unidad es la mejor herramienta de disuasión.