El inicio de 2026 en Colombia no solo trae el habitual olor a café y nuevos propósitos; trae consigo una "resaca" financiera que parece haberse vuelto crónica. Según el más reciente Índice de Arrepentimiento Financiero (IAF), el 79% de los colombianos lamenta hoy cómo dilapidó su prima de diciembre. No es una cifra menor: es el síntoma de una sociedad que sabe que debe ahorrar, pero que sucumbe ante la gratificación inmediata.
El fenómeno de la "plata de bolsillo" , esa evaporación mágica de los ingresos extra en gastos cotidianos y urgencias mal planeadas, afectó al 88% de los encuestados. Es una trampa psicológica fascinante y cruel: recibimos un dinero extra y, en lugar de verlo como un ladrillo para construir patrimonio, lo tratamos como un analgésico para las deudas del mes.
La brecha de la tranquilidad
Lo más revelador del estudio no es el arrepentimiento, sino el contraste con ese pequeño grupo que hizo las cosas bien. Mientras que el colombiano promedio lucha con la incertidumbre, quienes no se arrepienten presentan un 96% de tranquilidad frente a sus deudas.
La diferencia no radica en cuánto ganan, sino en cómo separan. La clave, como bien señala Carlos Correa de MejorCDT, es sacar el dinero del alcance de nuestras propias manos antes de que "compita" con el antojo del día o el pago del servicio público. Es una batalla de voluntad que la mayoría estamos perdiendo por no usar las herramientas adecuadas.
2026: Entre el miedo y la oportunidad
Estamos en un año marcado por la incertidumbre política y económica. El 46% de los ciudadanos dice que será más prudente, y eso ha volcado la mirada hacia lo seguro: los CDTs y las inversiones de bajo riesgo. Es una respuesta natural al miedo, pero también una señal de madurez. Por fin, parece que la idea de que "invertir es solo para ricos" está muriendo; hoy, con plataformas digitales, se puede empezar con montos modestos (desde $250.000), derribando esa barrera mental del 21% que cree que se necesita una fortuna para generar rentabilidad.
"El ahorro es el único motor capaz de convertir el dinero en bienestar tangible".
Esta frase debería ser el mantra de este año. Sin embargo, el desafío sigue siendo estructural: el 54% no logra cumplir sus metas financieras. No nos falta intención, nos falta hábito y automatización.
Conclusión
Si algo nos enseña este IAF de 2026 es que la prima no debería ser el salvavidas de un naufragio financiero anunciado, sino la semilla de una estabilidad futura. El arrepentimiento es un gran maestro, pero sale muy caro. La verdadera libertad financiera en este entorno retador no vendrá de un golpe de suerte en la economía del país, sino de la disciplina individual de entender que el dinero que se queda en el bolsillo suele terminar en el bolsillo de alguien más.
Es hora de dejar de ser espectadores de cómo se esfuma nuestro esfuerzo y empezar a ser arquitectos de nuestro propio patrimonio.