El encuentro celebrado en la Universidad de Nariño, bajo el título ‘La Justicia Restaurativa y su Impacto Restaurador Territorial’, no fue un evento académico más. Fue un faro de esperanza y un recordatorio poderoso de que la paz no se firma, se construye en los territorios. Poner en el centro de la discusión a las víctimas del conflicto en una región históricamente golpeada como Nariño, es un acto de profunda justicia y un paso esencial en el camino de la sanación colectiva.
De la Retribución a la Restauración
Durante décadas, la justicia tradicional se centró en el castigo: la retribución al victimario. Sin embargo, el trauma del conflicto armado colombiano ha demostrado que, para avanzar, se necesita un enfoque que vaya más allá de la cárcel. La Justicia Restaurativa, impulsada por la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), voltea la mirada y la pone en la víctima y su reparación.
Como bien lo destacó la magistrada Diana María Vega, este modelo está logrando avances significativos. No se trata solo de sentencias, sino de acciones concretas que buscan sanar las heridas, reconocer el daño causado y generar compromisos reales de no repetición. Es un proceso que exige verdad, humildad de los responsables y, sobre todo, la participación activa de quienes sufrieron el conflicto.
Territorio, Víctimas y Dignidad
Nariño, con sus vastas zonas rurales inmersas en dinámicas complejas de violencia, es el laboratorio y el escenario crucial para este modelo. El conversatorio enfatizó un punto vital: la justicia restaurativa debe tener un impacto territorial real.
No basta con la reparación simbólica. La reconstrucción de vidas y comunidades de la que habla el texto requiere inversión, oportunidades y dignidad. Implica que las políticas de reparación sean "efectivas y reales", lo que se traduce en:
Tierras seguras y productivas para los campesinos desplazados.
Acceso a educación y salud en zonas remotas.
Vías y conectividad para que los proyectos productivos sean viables.
La paz, en el contexto nariñense, es la posibilidad de reconstruir la vida cotidiana sin miedo a que el conflicto retorne, y esto solo se logra cuando el Estado garantiza las condiciones básicas de existencia.
El Desafío de la Continuidad
El llamado final del evento a fortalecer la justicia restaurativa es fundamental. El proceso de justicia transicional en Colombia enfrenta retos enormes, especialmente en los territorios donde la presencia de grupos armados residuales amenaza la estabilidad.
El éxito de la JEP y de la justicia restaurativa depende de que sus hallazgos y decisiones no se queden en los estrados judiciales. Necesitan permear a la institucionalidad local y nacional, garantizando que los esfuerzos de reparación se traduzcan en una transformación estructural de las condiciones de vida de las víctimas.
El conversatorio en Pasto es un paso adelante que nos obliga a entender que la reconciliación es un trabajo arduo, comunitario y constante. Es en el diálogo, en el reconocimiento mutuo del dolor y en el compromiso con un futuro diferente, donde se siembra la verdadera y duradera paz en el corazón de Nariño.