El reciente reporte de la Unidad Indígena del pueblo Awá (Unipa) sobre la incomunicación del Resguardo El Gran Sábalo en Barbacoas, Nariño, no es solo una noticia de afectaciones por lluvias, sino un doloroso recordatorio de la vulnerabilidad y el olvido histórico que pesa sobre las comunidades indígenas del Pacífico colombiano. El colapso del puente que conecta a Playón y Encajonado es mucho más que un daño a la infraestructura; es una parálisis para la vida, el desarrollo, y la dignidad del pueblo Awá.


La Infraestructura Frágil, el Impacto Profundo

La temporada invernal, que azota con inclemencia la costa Pacífica nariñense, ha puesto en evidencia la precariedad de la conectividad en estos territorios. Cuando un puente se daña, no solo se interrumpe el tránsito de personas y vehículos; se detiene el acceso a la salud, el comercio vital y, en este caso particular, el avance de la infraestructura educativa. Es especialmente frustrante que el proceso de acarreo de materiales para las escuelas se vea interrumpido. En un territorio que lucha día a día por garantizar un futuro a sus niños, la naturaleza —agravada por la falta de inversión robusta— se convierte en un obstáculo infranqueable para la educación.

La preocupación expresada por la Unipa no es una simple queja, sino un llamado de auxilio existencial. Las consecuencias de esta incomunicación se traducen en riesgos para la vida cotidiana y el bienestar de familias enteras que ya enfrentan otros desafíos como la presencia de actores armados y la escasez de servicios básicos.


La Carga de la Precaución y el Deber del Estado

Mientras la comunidad, bajo el liderazgo del consejero Rider Nastacuas, evalúa la situación y pide a su gente tener "precaución" ante los riesgos de accidentes, la verdadera carga recae sobre las entidades competentes. Es inaceptable que la principal medida para enfrentar una emergencia sea la de la cautela de los mismos afectados.

La geografía del Pacífico es compleja, pero el deber del Estado es superar esa complejidad con soluciones duraderas y atención inmediata. La activación de las rutas de atención no puede ser una promesa tardía; debe ser una respuesta inmediata y coordinada que reconozca que las comunidades del Pacífico nariñense no pueden seguir sufriendo por la inclemencia de un clima que se ensaña con una infraestructura históricamente deficiente.

El colapso en El Gran Sábalo es un síntoma de un problema estructural más grande: la disparidad en la inversión entre el centro y la periferia. Si la "Paz Total" tiene un significado real, debe empezar por garantizar condiciones mínimas de habitabilidad, movilidad y acceso a derechos básicos en los territorios donde la violencia y la exclusión han dejado las heridas más profundas.

El Gobierno nacional y las autoridades departamentales tienen el deber no solo de restablecer el puente, sino de diseñar e implementar una política de infraestructura resiliente y sostenible que proteja a las comunidades Awá de quedar, una y otra vez, a merced de la lluvia y el olvido.