El panorama político colombiano ha entrado en una fase de definiciones críticas este fin de semana del 24 de enero. Lo que antes eran tanteos y especulaciones, hoy se ha convertido en una serie de movidas estratégicas que dibujan con claridad las coaliciones y las ideologías que chocarán en las urnas. El tablero se mueve desde la proclamación del "puro centro democrático" hasta las alianzas de centro y los diálogos en las periferias.
La derecha se agrupa bajo la "mano firme"
La proclamación de Paloma Valencia como candidata oficial del Centro Democrático no es solo un trámite; es un mensaje de resistencia y continuidad ideológica. Valencia, con un discurso cargado de emotividad y apelando a la "defensa de la democracia", ha sabido recoger el testigo del expresidente Álvaro Uribe, quien validó el proceso como el inicio de una "etapa de victoria".
Su mención a la herencia de violencia y el homenaje a Miguel Uribe Turbay dejan claro que su campaña pivotará sobre la seguridad y el orden, temas que históricamente han sido el motor de su partido. Al ser la única candidata de su colectividad, Valencia se posiciona como el muro de contención de la derecha frente a las reformas del actual gobierno.
El centro busca oxígeno y estructura
Por otro lado, la "Gran Consulta por Colombia" ha recibido un refuerzo significativo con el aval oficial de Enrique Peñalosa por parte del partido Verde Oxígeno. La bendición de Ingrid Betancourt y la alianza táctica con Juan Carlos Pinzón sugieren que el sector moderado y técnico está intentando consolidar una propuesta de "gerencia" frente a lo que consideran el caos actual. Peñalosa, veterano de mil batallas, parece apostar por la experiencia administrativa como su principal carta de navegación.
En una línea similar, Juan Fernando Cristo desde el Tolima insiste en un reformismo concertado. Su frase "más concertación y menos confrontación" es un dardo directo tanto a la polarización del gobierno como a la de la oposición radical. Cristo sabe que el país cambió, pero su reto será demostrar que ese cambio se puede gestionar sin romper la institucionalidad.
Las bases y la voz propia
Mientras en los salones y convenciones se sellaban avales, Iván Cepeda realizaba un ejercicio de diplomacia territorial con los pueblos Kankuamo y Wiwa. Su deslinde del nombre del presidente Petro —"somos dos personas y personalidades diferentes"— es una jugada audaz. Cepeda busca consolidar un liderazgo propio dentro de la izquierda, reconociendo los avances del gobierno pero reclamando una voz independiente. Esta cercanía con los pueblos indígenas no es menor; es la validación de que el apoyo popular se disputa en los territorios, lejos de los micrófonos de la capital.
Conclusión
El fin de semana nos deja una fotografía de una Colombia fragmentada pero activamente movilizada. La derecha ya tiene su rostro en Valencia; el centro busca unidad bajo figuras de peso como Peñalosa y Cristo; y la izquierda intenta matizar sus voces para no quedar eclipsada por la figura presidencial. La carrera por 2026 ha dejado de ser una maratón de fondo para convertirse en un esprint por la legitimidad.