El anuncio del presidente Gustavo Petro sobre la reducción en los precios de la gasolina marca un punto de inflexión en una de las políticas más impopulares, pero técnicamente necesarias, de su mandato. Tras meses de incrementos sostenidos para sanar el enorme hueco fiscal del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC), el Gobierno parece haber encontrado el espacio para dar un respiro al bolsillo de los colombianos.
El fin de una era de
déficit
La narrativa oficial es clara: el "sacrificio"
ha terminado. Al saldar la deuda del FEPC —un subsidio que durante años drenó
las arcas públicas para mantener artificialmente bajo el precio del
combustible— el Estado libera una presión inmensa. A esto se suma un factor
externo aliado: la revaluación
del peso colombiano. Dado que el precio de referencia de la gasolina está
atado al dólar, un peso más fuerte permite importar o producir con costos
menores en términos locales.
Entre la deuda y la inversión
Resulta interesante observar el cruce de sables entre el
presidente Petro y el expresidente Álvaro Uribe. Mientras la oposición ve con
cautela la reciente emisión de deuda externa, el mandatario la defiende como
una estrategia de "refinanciación inteligente". La lógica del
Gobierno es sustituir deuda interna costosa por deuda externa más manejable,
utilizando esos ahorros para, entre otras cosas, estabilizar los precios de la
energía y el combustible.
Sin embargo, quedan preguntas en el aire:
·
¿Cuál será el monto de la rebaja? Un descenso marginal
podría ser percibido como un gesto simbólico insuficiente frente a la inflación
acumulada.
·
¿Es sostenible? El compromiso de dejar el FEPC con
superávit es ambicioso y depende totalmente de la estabilidad del mercado
petrolero global y del comportamiento del dólar.
El impacto en la
confianza
Más allá de los números, esta medida tiene un peso
político enorme. En un país donde el costo del transporte impacta directamente
en el precio de los alimentos, bajar la gasolina es la herramienta más rápida
para mejorar la percepción de bienestar. Si el Gobierno logra que esta
reducción se traduzca efectivamente en una baja de la inflación general, Petro
habrá ganado una batalla crucial de cara al último tramo de su mandato.
"La verdadera prueba de esta medida no estará
en el anuncio en X (Twitter), sino en los tableros de las estaciones de
servicio y en el costo del flete de los alimentos."
El éxito de esta decisión dependerá de que la reducción
sea lo suficientemente significativa para ser sentida por el ciudadano de a
pie, sin poner en riesgo la recién recuperada salud fiscal del fondo de
combustibles.