El inicio de 2026 ha traído consigo una etiqueta pesada: "el año de la muerte". Como suele suceder cuando figuras como Mhoni Vidente lanzan vaticinios de alto impacto, la conversación pública se divide rápidamente entre el escepticismo radical, el temor paralizante y la búsqueda de significados ocultos. Sin embargo, más allá del sensacionalismo de los titulares, este concepto de "Año Cero" nos invita a una reflexión necesaria sobre nuestra relación con el cambio y la incertidumbre.

La muerte como metáfora, no como sentencia

Es fundamental desmitificar el lenguaje de la profecía. En el lenguaje del tarot y la simbología ancestral, la carta de "La Muerte" rara vez alude a un cese físico de la vida; representa, ante todo, la transmutación. Lo que estamos viendo en este arranque de año no es un anuncio de cataclismo, sino una invitación colectiva a dejar morir lo que ya no funciona.

Vivimos en una sociedad que premia la acumulación y la permanencia, pero 2026 parece recordarnos que para que algo nuevo nazca, algo viejo debe perecer. Los signos señalados —Aries, Tauro, Libra y Acuario— no son "víctimas" de este ciclo, sino protagonistas de una depuración necesaria. Para Tauro, soltar la zona de confort es una "muerte" necesaria para su crecimiento; para Libra, dejar de complacer al resto es el nacimiento de su propia identidad.

El meteorito de la conciencia

La mención de un meteorito entre mayo y agosto es quizás el punto más polémico. Si lo leemos de forma literal, el miedo es la respuesta lógica. Pero si lo interpretamos como una "sacudida energética", entendemos que el 2026 nos está pidiendo atención. Estamos en un punto de inflexión social y político, especialmente en América Latina, donde las estructuras tradicionales están mostrando grietas profundas.

Este "Año Cero" es un lienzo en blanco que, paradójicamente, asusta más que uno lleno de problemas conocidos. La incertidumbre es el espacio donde reside la libertad, pero también donde se manifiesta nuestra mayor ansiedad.

Conclusión: La responsabilidad del "reinicio"

La verdadera enseñanza de estas predicciones no reside en las estrellas, sino en nuestra capacidad de respuesta. Si 2026 es el año de los cierres definitivos, el desafío no es sobrevivir al cambio, sino conducirlo.

No necesitamos temer a la "muerte" de etapas dañinas; deberíamos, en cambio, temer a la posibilidad de seguir habitando estructuras agotadas por miedo a lo desconocido. Al final, como bien sugiere el cierre del mensaje astrológico, tras cada final hay un nacimiento. El 2026 será tan oscuro o tan luminoso como sea nuestra disposición para soltar el pasado y abrazar la renovación.